Por voluntad de Septimio Severo, se crearon las Termas de Caracalla,
inauguradas en el siglo III d.C. por su hijo Antonino Bassiano,
llamado Caracalla. Es uno de los balnearios más amplios
y mejor conservados de la época romana.
Las Termas de Caracalla podían albergar a alrededor de
1500 personas y ofrecían baños calientes, templados
y fríos. El balneario estaba decorado con maravillosos
frescos, estatuas y mármoles preciosos. Las termas, uno
de los centros más importantes de la antigüedad, estaban
rodeadas de jardines, piscinas y bibliotecas.
Las Termas de Caracalla tuvieron una vida relativamente corta,
puesto que tan sólo 300 años después fueron
abandonadas en el siglo VI después de Cristo, a causa del
asedio de Vitiges, el famoso rey de los godos, que hizo bloquear
el agua de los acueductos para provocar la sed de los habitantes
de Roma.
Al no haber más agua, las termas fueron abandonadas y se
convirtieron en el lugar de sepultura de los peregrinos que enfermaban
durante su viaje a Roma.
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