Durante una operación bélica, el 23 de marzo de
1944, los partisanos italianos mataron a 33 soldados del ejército
alemán. La acción tuvo lugar en el centro de Roma,
en la Vía Rasella, donde todavía se pueden ver los
indicios de las explosiones.
A raíz de esta acción de los partisanos, Hitler
ordenó que Roma fuese arrasada y que toda su población
fuera deportada a Alemania. El general Kesselring, que en aquel
momento era el comandante en Roma, decidió que como represalia
contra el pueblo romano se mataran a 10 italianos por cada soldado
alemán muerto.
La vergonzosa masacre fue confiada al coronel Kappler y al capitán
Priebke, ayudados por el jefe de la policía fascista Caruso.
Hicieron asesinar a 335 personas de un disparo en la nuca en las
Fosas Ardeatinas.
Las Fosas Ardeatinas situadas cerca de la calle Ardeatina se
convirtieron más tarde en un monumento a la barbarie. El
monumento construido en 1949 es muy sencillo y su arquitectura,
muy lineal. En las cuevas, el grupo escultural representa simbólicamente
a las 335 víctimas asesinadas en su interior.
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