La construcción del Coliseo, sin duda el monumento más
representativo de Roma, comenzó bajo el emperador Vespasiano
en el 75 d.C., donde se encontraba el pequeño lago de la
Domus Aurea.
El travertino, una roca caliza muy utilizada para construir en
la antigua Roma, fue la piedra con la que se construyó
la fachada del Coliseo, que mide 57 metros de altura y tiene 4
órdenes de arcos superpuestos. La arena interior medía
alrededor de 76 metros por 46. Se estima que el Coliseo podía
albergar hasta 45 000 personas. En las dos curvas o lados menores
se construyeron dos palcos para albergar a la familia imperial
y a los magistrados y sacerdotes más importantes.
Antiguamente, el Coliseo era llamado Anfiteatro Flavio y era
usado para los juegos de los gladiadores y las peleas que se desarrollaban
en las distintas disciplinas. El edificio tal y como lo conocemos
en la actualidad es lo que queda tras los fuertes terremotos (442
d.C. y 508 d.C.) que derrumbaron dos órdenes del Coliseo.
Gracias a la ayuda posterior de algunos papas, se realizaron trabajos
de restauración que han logrado conservarlo.
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